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lunes, 23 de diciembre de 2013

ANÉCDOTAS FLAMENCAS I

ANÉCDOTAS FLAMENCAS I

El pasado curso escolar 2012-2013 tuve la suerte de colaborar con un programa flamenco en Radio Paz, la radio del CEIP Manuel Sánchez Alonso de Arahal. Realicé veinte guiones, y en la estructura del programa semanal siempre terminábamos con un “Cajón de sastre”, donde comentábamos algunas anécdotas de los artistas de los que hablábamos en el programa. Así tuve la oportunidad de acercarme a muchas anécdotas flamencas, algunas las conocía y otras no. Por otra parte tampoco tengo muy claro que sean totalmente ciertas. Posiblemente la tradición oral haya añadido o quitado elementos sustanciales de esas anécdotas. Sea como fuere yo las cuento como me llegan, sean más o menos ciertas, algo que por otra parte me da exactamente igual. No busco la exactitud ni la ciencia en estas pequeñas historias, que por otra parte pueden reflejar un sentir, una manera de ser, una forma de entender la vida en muchos casos.  En definitiva busco tanto el arte o la gracia como aquellas anécdotas que han formado la intrahistoria flamenca.

Algunas de estas anécdotas han pasado a la historia del flamenco, otras, sin embargo son menos conocidas. Entre las primeras está la que relata Federico García Lorca en su “Teoría y juego del duende” sobre la Niña de los Peines y que dice literalmente: “Una vez, la "cantaora" andaluza Pastora Pavón, La Niña de los Peines, sombrío genio hispánico, equivalente en capacidad de fantasía a Goya o a Rafael el Gallo, cantaba en una tabernilla de Cádiz. Jugaba con su voz de sombra, con su voz de estaño fundido, con su voz cubierta de musgo, y se la enredaba en la cabellera o la mojaba en manzanilla o la perdía por unos jarales oscuros y lejanísimos. Pero nada; era inútil. Los oyentes permanecían callados.
Allí estaba Ignacio Espeleta, hermoso como una tortuga romana, a quien preguntaron una vez: "¿Cómo no trabajas?"; y él, con una sonrisa digna de Argantonio, respondió: "¿Cómo voy a trabajar, si soy de Cádiz?"
Allí estaba Eloísa, la caliente aristócrata, ramera de Sevilla, descendiente directa de Soledad Vargas, que en el treinta no se quiso casar con un Rothschild porque no la igualaba en sangre. Allí estaban los Floridas, que la gente cree carniceros, pero que en realidad son sacerdotes milenarios que siguen sacrificando toros a Gerión, y en un ángulo, el imponente ganadero don Pablo Murube, con aire de máscara cretense. Pastora Pavón terminó de cantar en medio del silencio. Solo, y con sarcasmo, un hombre pequeñito, de esos hombrines bailarines que salen, de pronto, de las botellas de aguardiente, dijo con voz muy baja: "¡Viva París!", como diciendo. "Aquí no nos importan las facultades, ni la técnica, ni la maestría. Nos importa otra cosa."
Entonces La Nina de los Peines se levantó como una loca, tronchada igual que una llorona medieval, y se bebió de un trago un gran vaso de cazalla como fuego, y se sentó a cantar sin voz, sin aliento, sin matices, con la garganta abrasada, pero... con duende. Había logrado matar todo el andamiaje de la canción para dejar paso a un duende furioso y abrasador, amigo de vientos cargados de arena, que hacía que los oyentes se rasgaran los trajes casi con el mismo ritmo con que se los rompen los negros antillanos del rito, apelotonados ante la imagen de Santa Bárbara.
La Niña de los Peines tuvo que desgarrar su voz porque sabía que la estaba oyendo gente exquisita que no pedía formas, sino tuétano de formas, música pura con el cuerpo sucinto para poder mantenerse en el aire. Se tuvo que empobrecer de facultades y de seguridades; es decir, tuvo que alejar a su musa y quedarse desamparada, que su duende viniera y se dignara luchar a brazo partido. ¡Y como cantó! Su voz ya no jugaba, su voz era un chorro de sangre digna por su dolor y su sinceridad, y se abría como una mano de diez dedos por los pies clavados, pero llenos de borrasca, de un Cristo de Juan de Juni…”
Pastora nunca reconoció que esa historia fuese cierta, de hecho decía: “Ni aquello ocurrió nunca, ni yo he tomado en mi vida un vaso de aguardiente”, pero ha quedado para la historia flamenca.


   Otra anécdota con mucha gracia era aquello que contaba Fernando el de Triana, que tenía un compañero llamado Manolito el de Jerez que era tan tacaño que no daba ni la hora. Relata, que en cierta ocasión  solicitó que le dijera la hora para poder poner su reloj en la hora correcta, pues se le había parado.

Manolito el de Jerez sacó su magnífico reloj de 18 quilates, lo miró y lo volvió a introducir en su bolsillo sin decir ni media palabra.
Fernando con el reloj parado en su mano volvió a preguntar; "¿Pero qué hora es, Manolo?"
A lo que Manolo respondió; "¿Qué hora es?, lo menos te crees tú, ni nadie, que yo me he gastao sesenta duros en mi reloj pa que sepa ca uno la hora que es..."
Así que era tan tacaño que no daba ni la hora.


Cádiz ha dado anécdotas con mucha gracia, y cantaores que las han contado de manera magistral.

El cantaor Beni de Cádiz contaba: “Un día caminaba por las calles de Cádiz con el Cojo Peroche, cuando de pronto nos paramos ante la casa de Pemán y le dije:
- Cojo, mira lo que dice ahí: Aquí nació el ilustre gaditano José María Pemán. ¿Qué pondrán de mí en mi casa cuando yo me muera?
 A lo que el Cojo Peroche respondió sin dudarlo:
-Se vende, Beni, se vende”.


Pericón fue un gran fabulador. Disfrazándolas de anécdotas livianas, Pericón entraba con total naturalidad en los terrenos más difíciles de la vida y las situaciones más disparatadas inventando de paso personajes llenos de ironía y ternura. Hasta tal punto inventaba anécdotas y situaciones exagerándolas al máximo que se ha escrito un libro sobre él titulado “Las mil y una historias del Pericón de Cádiz”, que llevó a la escena José Luis Ortiz Nuevo. Pondremos un ejemplo de cómo contaba Pericón el accidente de la explosión de San Severiano:

“Cuando llegó la onda a Antonio el de la Privaílla, se le quedó el gollete de una botella que tenía una vela mirando pa`bajo, sin partirse ni ná; en casa de los Melu las cortinas se quedaron cortás como si las hubieran cortao con unas tijeras; en la puerta donde explotaron las bombas a un marinero lo dejó como un papel de fumá, pegao a la paré y al otro no le pasó ná; a un chiquillo la onda lo llevó dando volteretas hasta la plaza de toros y cuando paró estaba vivo pero la onda lo había dejao encueros; por el puente de San Severiano iba un hombre montao en un borrico y la explosión se llevó la cabeza del borrico y al hombre no le pasó ná... Y no pasó más, gracias a las murallas de Puerta Tierra, que con el espesor tan grande que tienen no se rompieron y cuando llegó la onda, la desviaron pá los cielos, pá el firmamento y no pasó más”.


Más anécdotas:

Manuel Vallejo era muy devoto de la Semana Santa en general y del “Gran Poder” en particular. Pues en 1934, se encontraba en Madrid a punto de cruzar el Atlántico, ya que estaba contratado para grabar en América.
Era el Jueves Santo y Vallejo empezó a ponerse nervioso y comentar a quienes le acompañaban que sólo faltaba una hora para que la Macarena estuviera en la calle. Luego recordaba como podría estar la plaza de San Lorenzo con la salida del Gran Poder.
Al final, no puede más y les dice:
“¡Ea! Se acabó. Nos vamos a Sevilla, viajando toda la noche podremos estar allí por la mañana, al Gran Poder no me da tiempo a cantarle, pero a las doce estamos en la Macarena. Se acabó el contrato y si quieren denunciarme que lo hagan”.
Así era Vallejo.


Antiguamente muchos nombres artísticos se los ponían a los cantaores que empezaban artistas más veteranos. Pues bien,  según me contó Isabel Domínguez esposa de Pepe Marchena, así le pusieron el nombre de “Niño de Marchena”:  

“Me decía mi suegra que cuando era pequeño José Tejada Martín, iba de pueblo en pueblo y con unos amigos se fue a Córdoba y después a Madrid, a casa de Juan el de La Bombilla, y le dijeron a Don Antonio Chacón:
—maestro, ahí hay un chaval que canta maravillosamente, se lo presentaron y le preguntó:
—¿Tú cómo te llamas?
—Yo, José Tejada
—¿Y qué más?
—Martín
—¿De dónde eres?
—Andaluz
—¿Pero andaluz de dónde?
—De Sevilla
—¿Pero del mismo Sevilla?
—No, de un pueblo.
—Pero hombre di de qué pueblo
—De Marchena
—El Niño de Marchena.

Y el Niño de Marchena, el Niño de Marchena y el Niño de Marchena  se le quedó,  y después, cuando yo iba con mi hijo, le decían la gente “Niño”, y él respondía: “no, yo soy Pepe Marchena, el niño es este”, señalando a su hijo. 

El propio Pepe Marchena también “bautizó” a otros artistas, como me siguió contando la anteriormente mencionada Isabel Domínguez: “Le presentaron a un chico de Málaga, y le dijeron:
- Mira Pepe, ahí hay un chico que te va a quitar el puesto, canta como tú.
- Preséntamelo.
- Y dicen: aquí Don José Tejada el Niño de Marchena, aquí Manolo Pendón,
- y dice Marchena: ¿Pendón?, ese nombre pa carteles no vale.
- ¿De dónde eres?
- De Málaga

Y entonces Pepe Marchena lo bautizó como Manolo El Malagueño, y Manolo El Malagueño se le quedó”.


Los nombres, sobrenombres y apodos artísticos son una fuente inagotable de curiosidades:

Rafael Romero explicó en la revista Candil, en un número de 1981, de dónde le vino su apodo artístico? Lo contaba de la siguiente manera:

“En Madrid, en aquellos años malos de después de la Guerra, canté aquello de La gallina papanata. Entonces, un marqués le dice a uno:
-Oye, ¿quién es ese?
Y el otro, como no sabía a quién se refería la pregunta que cual, que quién decía,
Y el marqués le dice:
-‘Ése, el gallina’. Y desde entonces… las cosas”.

A Rafael, explica Sánchez Bracho, no le gustó nunca el apodo fuera de aquellas reuniones íntimas, pero no pudo evitar que saliera de allí y se difundiera.


Agustín Castellón Campos, conocido como Sabicas, fue el gran maestro de la guitarra que impulsó su internalización. Pues bien, según contaba él mismo, el apodo de Sabicas procede de su pronunciación infantil de la palabra habas. Lo contaba así:

“De chiquito, aquí, en Madrid, mi mamá mandaba a la criada a la compra, y cuando venía yo metía la mano en la cesta y sacaba las habas y me las comía con cáscara y todo.
- Mi mamá me miraba: 'Pero, hijo mío, estás na más que con las habas. Te voy a poner habas, y habas, habas, habicas'.
- Y de las habas, la-s-habicas, me quedó Sabicas.”

            Así finalizamos esta primera aproximación a algunas anécdotas y curiosidades flamencas. Continuará…

lunes, 19 de agosto de 2013

PALIMPSESTO



Hace poco recibí de mi amigo José Cenizo, paradeño de pro, un disco titulado “Palimpsesto”, que es el volumen IX de la serie discográfica “Flamenco y Universidad”, y que además está dedicado a la memoria de Enrique Morente.

Según la RAE, palimpsesto es un manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior borrada artificialmente, y en otra acepción se refiere a una tablilla antigua en que se podía borrar lo escrito para volver a escribir. Así pues, esta obra pretende partir de la metáfora del concepto de “palimpsesto”, entendiéndolo como una manera de reescribir los primitivos modelos flamencos, adaptarlos a la actualidad y ponerlos en íntimo diálogo con otras artes, desde la fotografía a la pintura, desde la poesía a la caracterización, desde el maquillaje corporal a la performance…

Tal vez a alguien le pueda parecer que eso no es flamenco, sin embargo desde su nacimiento, el Flamenco ha influido en otras artes, y se ha enriquecido de ellas, ¿alguien puede negar la relación entre el flamenco y la pintura, o la poesía o la tauromaquia o la fotografía o el teatro o el cine, por ejemplo? Por no hablar de otros estilos musicales.

Sólo el atrevimiento de buscar nuevas formas flamencas, ya me parece muy loable, ¿qué hubiera sido de cualquier arte estancado siempre en las mismas formas, sin evolucionar?, posiblemente seguiríamos en las cavernas.

El arte es evolución y búsqueda de la emoción a través de la propia idiosincrasia de estas formas artísticas.

Evidentemente hay que partir del conocimiento, hay que calmar la sed artística bebiendo en el pozo de la sabiduría primigenia. ¿Se puede construir desde la nada?  Yo creo que no. ¿Por qué el Flamenco va a ser diferente a otras artes? ¿Es que no está evolucionando desde su origen? ¿Es que suena igual un cante de Manuel Torre que uno de Morente? ¿Es que se baila ahora igual que hace cien años? ¿Acaso sonaba Niño Ricardo como Manolo Franco? Negar la evolución en el arte es negar el arte mismo. Lo que sí respeto es el gusto de cada cual. A mí en el arte pictórico me gustan los impresionistas. Es lo que me disloca, aunque dado mi carácter de suma permanente no puedo desdeñar ningún otro movimiento pictórico. En definitiva creo en la evolución, en la búsqueda, siempre desde el conocimiento y respeto a las fuentes, a la tradición. Después el tiempo dirá…

Lo que pretende este “Palimpsesto”, es precisamente lo que hemos dicho anteriormente, buscar nuevas formas respetando la tradición, por eso este disco suena a Flamenco, o sea, que hace honor a su título. No todos los discos de Flamenco que buscan nuevas formas suenan a Flamenco. En este disco si estás escuchando unos tientos, descubres al momento que son tientos o neotientos como los llaman, y así con el resto de palos. Me gusta del disco su armonización, su instrumentación y su ambientación musical. Gran trabajo de Paco Escobar. También me gusta la voz del  mairenero José Manuel castillo. He de confesar que me gustan las voces limpias, claras con ese acento andaluz que me emociona. Me gusta esta voz cálida, que arropa el cante.

En definitiva, buenas voces, buena música, buenas letras… buen disco, diferente.

sábado, 12 de febrero de 2011

LA BEJAZZ

LA BEJAZZ

EL JAZZ FLAMENCO

Por José Francisco López

Conocía desde hace bastante tiempo, casi desde su origen allá por el año 2005, la existencia del grupo marchenero “La Bejazz”, grupo que en un principio estaba formado por Javier Carmona (contrabajo y bajo eléctrico), Bernardo Parrilla (saxo), Pablo Carmona (batería) y Javier Carmona Bono (teclados y clarinete). En sus comienzos simultanean su formación clásica (Conservatorio de Sevilla) con su pasión por el Jazz, pero poco a poco empiezan a surgir las lógicas influencias de la música que llevan pegada al alma, de la música de su tierra, y así el grupo empieza a buscar un sonido más “flamenco”. Cuando dos nuevos artistas se unen al grupo, esa apuesta por la fusión entre el Jazz y el Flamenco no tiene vuelta atrás, máxime cuando esos dos artistas vienen desde la más honda tradición Flamenca. El primero de ellos es Melchor Chico, nieto de Melchor de Marchena y sobrino de Enrique de Melchor, que lleva en sus venas la raza de unos guitarristas geniales y el compás sobrio de la campiña sevillana. Su toque se engrandeció acompañando muchos años a la genial Rocío Jurado, y su inclusión en La Bejazz supuso la mirada definitiva hacia el flamenco. Del mismo modo la llegada al grupo del percusionista Juan Antonio Suárez supuso el giro definitivo hacia el Flamenco, ya que este artista es otro flamenco de pura cepa, que acompaña habitualmente al Polaco, José el Francés o Lola Maya. Así mismo, en su primer trabajo discográfico, titulado “Plaza Arriba” colaboró el cantaor Juan Antonio Cano “El Negro”, que le da al trabajo ese son de garganta gitana y profunda.

Como digo, los conocía desde hace tiempo, pero ha sido en un concierto celebrado en Arahal el 26 de noviembre, en su nuevo y maravilloso Salón de Actos, el de la Casa del Aire, cuando los he escuchado en directo por primera vez; antes esa magnífica herramienta para muchos artistas poco conocidos como es “youtube” me había dado la posibilidad de escuchar y ver algunas de sus actuaciones. Pero nada como el directo para palpar lo que es un artista, lo que es un músico, lo que es una banda. Y esta banda tiene un directo espectacular, pero vayamos por partes…

En primer lugar un artista, para que dé lo mejor de sí mismo, tiene que estar a gusto, es decir, tiene que existir una complicidad con el público y con el lugar donde se actúa. Y eso estaba conseguido desde el principio, aún antes de empezar el concierto, con el compás de la lluvia que te erizaba los vellos. El escenario, el Salón de Actos de la Casa del Aire es sencillamente magnífico, y el público estaba entregado desde el comienzo. Y los artistas reflejaban en sus caras esa misma complicidad, como mostraba por ejemplo el lenguaje corporal de Javier Carmona Bono, que estoy seguro no suele encontrarse con un piano de cola para actuar, y es que estaba ensimismado, encantado, con una sonrisa y unos movimientos de todo su cuerpo, poseído por la música, que reflejaban ese sentimiento de todo el grupo: estamos a gusto.
El gran primer requisito para el triunfo de un artista estaba logrado.

¿Pero y su actuación?, ¿cómo fue su actuación? Pues lo esperado por mí, una actuación maravillosa, realizada por magníficos músicos. Y es que sólo puede sacar algo el que lo lleva dentro, y este grupo tiene algo, quizás haya sido ese buscar y rebuscar en los tuétanos del alma para encontrar entre su formación clásica, de conservatorio, y su pasión por el Jazz, la raíz que le da sentido y cuerpo a lo que hacen, el Flamenco.

Jazz y Flamenco unidos por esa improvisación controlada que hace grande a estos artistas. Si todos los componentes estuvieron sobresalientes, Bernardo Parrilla estuvo genial al saxo, arrebatando palmas a destiempo a un público entregado.

Me acordé de un saxo al que siendo niño escuché por soleá, era Pedro Iturralde con aquel Jazz Flamenco que me emocionó desde que lo escuché. Él fue el precursor allá por los años 60, y hoy La Bejazz sigue la herencia de esa búsqueda de sonidos y mestizaje, con las alforjas llenas melismas y memoria de los caminos que anduvieron el propio Pedro Iturralde, Paco de Lucía, Jorge Pardo, Carles Benavent y los más cercanos Guadalquivir, Chano Domínguez o Pata Negra.

La fusión, la innovación, no es fácil. Es más, cientos de proyectos se han quedado en nada por no encontrar los sonidos que acompañaran a las inquietudes, sin embargo “La Bejazz” ha encontrado un sendero, un camino que recorrer, un puente que une dos orillas, el Jazz y el Flamenco, que es una sola orilla: la música, el arte, la libertad.

martes, 10 de agosto de 2010

ENTREVISTA A FÉLIX GRANDE

(Publicada en la Revista "El Unicornio" nº 22 en junio de 2006)

Por José Francisco López (Arahal)



FÉLIX GRANDE: “No ha habido una familia como la de los Pavón en la historia del Flamenco”.

Escribía Félix Grande en el preludio de su libro “Agenda Flamenca”: “Todo libro aspira a ser una conversación, una tertulia en donde charlan el escritor y sus lectores”. Y esa era la intención de esta entrevista, una conversación con uno de los galardonados en el V Memorial Niña de los Peines “Al Gurugú”. Y la entrevista se convirtió en conversación, y la conversación en tertulia y si en otro número de nuestra revista decía que Félix Grande era una de mis debilidades, aun sin conocerlo, por su palabra escrita y oída; ahora he de confesar que tras compartir con él varias horas de tertulia, se ha convertido en una persona que ha dejado en los entresijos de mi memoria mucho más que palabras, ha dejado una actitud ante el flamenco, la palabra poética y la vida de un auténtico flamenco cabal.

Félix Grande es flamenco, poeta, ensayista, narrador, letrista... Nació en Mérida en 1937.
Ha obtenido los premios de poesía Alcaraván (1962), Adonais (1963), Guipúzcoa (1965), Casa de las Américas (1967), Nacional de poesía (1978) y Manuel Alcántara (1996); de narrativa, Eugenio D’Ors (1965), Gabriel Miró (1966), Barcarola (1989) y Felipe Trigo (1994); de ensayo, Hidalgo y Nacional de Flamencología (1980). En 2004 fue galardonado con el Premio Nacional de las Letras.
En 1998, y por votación popular coordinada desde la revista El Olivo, fue proclamado el mejor escritor de temas flamencos.
Además de su narrativa y sus libros de poemas como ensayista es autor de los libros Occidente, ficciones, yo (1968), Apuntes sobre poesía española de posguerra (1970), Mi música es para esta gente (1975), Memoria del flamenco (1979), Elogio de la libertad (1984), Agenda flamenca (1985), Once artistas y un dios (1986), La calumnia (1987), García Lorca y el flamenco (1992), La vida breve (1995), Paco de Lucía y Camarón de la Isla (1998), Persecución (disco con un estudio sobre la marginación de los gitanos españoles, 1976), Grandes del flamenco (seis LP, antología y estudio, 1981).


- ¿Cómo llega el flamenco al alma de Félix Grande?

- Pues mira, mi padre y mi abuelo eran muy buenos aficionados y me acuerdo que discutían con mucha frecuencia. Mi abuelo decía que el cantaor que le ponía los pelos de punta más de prisa era El Niño de Almadén, y mi padre decía que no lo comparara con el Niño Gloria y ahí empezaba la disputa. Recuerdo que mi padre le decía lo que pasa es que la tierra tira mucho pero no lo compare usted con el Niño Gloria que cuando ese hombre cantaba una saeta hasta Jesucristo se desclavaba de la Cruz. Después yo empecé a ir al Flamenco en los años cuarenta en plena época de la ópera flamenca y además, en Tomelloso, que era donde vivíamos entonces, había mucha afición al Flamenco y además en los veranos venían a segar o a vendimiar cuadrillas de Andalucía y muchos gitanos, y entonces yo que vivía en las afueras del pueblo, de chiquillo me juntaba con los gitanitos o con los niños andaluces y tocábamos las palmas y aprendíamos compás. Y después empecé a ir al teatro, que se llamaba Teatro Cervantes, y venían todos los años lo que entonces se llamaban compañías, la compañía de Manolo Caracol con la Lola, la compañía de Manolo el malagueño, del Príncipe Gitano; allí vi bailar, la única vez que la he visto a carmen Amaya, allí escuché al Pinto que también llevaba su compañía y allí me fui haciendo aficionado para siempre.

- Yo descubrí a Félix Grande, bueno más que a Félix Grande a su voz, en el disco “Persecución” de “El Lebrijano”, donde me impresionó esa voz tan profunda.

- Ese fue un disco que hicimos con muchas ganas. El Lebrijano se creyó de verdad ese disco, lo cantó muy bien. Los dos guitarrista estuvieron bordados. Me acuerdo de un día que teníamos que grabar las galeras, y estaba previsto que se cantara por tangos, lentamente, pero queríamos darle unidad a toda la estructura musical del disco y le dije a Enrique de Melchor: “yo no sé qué decirte, lo único es que me gustaría que suene a agua a oleaje”. Enrique de Melchor se apartó diez minutos y volvió con la falseta de las galeras. Estábamos todos muy contentos con ese disco. Yo le di primero al Lebrijano un dossier con varias historias de los gitanos en España, seleccionamos las que más nos gustaban , le hice las letras, luego editamos el disco con un texto grande sobre la historia de esta persecución. Nos lo creímos todos y salió un homenaje muy bonito.

- Poeta, letrista de flamenco, ¿es lo mismo para usted?

- Las letras flamencas son muy difíciles, yo he escrito muchos libros de poesía, me han dado muchos premios, el Adonais fue el primero, también el Premio Nacional de poesía, el Premio Nacional de Flamencología, muchos premios de poesía, pero cada vez que me he puesto a intentar componer coplas flamencas... de todas las que he hecho no sé si me habrán salido dos o tres. Es muy difícil reunir en tres o cuatro versos una historia o el tuétano de una historia. Es muy difícil. Eso es un momento único dentro de la poesía española, pero único. Nunca se había cantado con tanta intensidad lírica y con tanta intensidad emocional la palabra poética, nunca había tenido tanta fuerza en tan pocas sílabas.

- Y sin embargo la lírica flamenca ha estado muy denostada.

- Aún ahora, bueno ya no está denostada, pero sí olvidada. Aún ahora las personas que se encargan de establecer los programas de estudios universitarios, que no sabemos quiénes son y si lo supiera tan poco lo diría porque sería como una delación, no han metido el cancionero flamenco en la celebración de la poesía dentro de la universidad, lo que no quiere decir que sean responsables los rectores ni los decanos ni los profesores, simplemente no está en el protocolo y entonces no se incluye. Lo que si está es el cancionero anónimo español y no sólo se estudia con mucho fervor, sino que incluso hispanistas le dedican su vida entera a estudiar y a celebrar esa poética que es hermosísima también , pero con la poética flamenca no ha pasado todavía, la razón la desconozco y hacer una hipótesis no quiero porque a lo mejor se me ocurriría algo un poco agresivo.

- Félix Grande también es ensayista, ¿qué tal se encuentra en esa labor de investigación flamenca, teniendo en cuenta la barrera que supone la falta de documentación?

- Ahora ya va habiendo documentación. Desde que salieron los primeros libros en los años cincuenta de Anselmo González Climent, de Antonio Mairena y Ricardo Molina..., a partir de entonces empezó a haber bibliografía. Incluso la que había anterior a esa época se desconocía por entonces, la primera edición del libro de Demófilo es de 1881, y cuando Federico García Lorca en 1922 escribió a favor del flamenco y escribió algunas frases sobre la copla espléndidas, no conocía el libro de Demófilo. Pero, a partir de los años cincuenta empezaron los intelectuales a cambiar de actitud, porque hasta entonces habían estado con reservas o con desdén hacia el Flamenco, pero cambiaron de actitud y empezaron a darse cuenta de lo que había ahí, empezaron a celebrar el flamenco y ahora hay miles de libros. Entre ellos por lo menos cien son útiles y si los visitas todos y haces fichas llegas a tener mucha documentación. Documentación musical hay menos porque ha habido muy pocos músicos que se hayan dedicado a investigar, aunque algunos ha habido como García Matos, Hipólito Rossy..., y lo que hay mucho es investigación de carácter antropológico o de carácter social, hasta de carácter político, sobre las letras, sobre los cantes... Ahora ya hay una buena documentación.
Lo que pasa es que sobre los orígenes siempre queda una nebulosa, aunque parece que lo que se va estableciendo ya definitivamente es que las primeras estructuras flamencas nacen a finales del siglo XVIII y se desprenden de los romances, de esto hay pruebas, por ejemplo Suárez Ávila del Puerto de Santa María, ha recogido viejos romances y vemos como algunas cuartetas de esos romances después nos la encontramos en forma de toná o martinete. Entonces los primeros cantes, las tonás y los martinetes, los cantes sin guitarra y las deblas son de finales del XVIII, más atrás no hay no hay ni un solo documento.

- Lo que sí hay es un germen que da origen a todo eso.

- El germen es increíble, el germen es un mestizaje maravilloso. Manuel de Falla dijo que el origen del Flamenco está en el asentamiento en Andalucía de las músicas orientales, en la llegada a la iglesia española de la liturgia bizantina y en el establecimiento en España de las primeras tribus de gitanos a partir del siglo XV. Ahora bien cuando las músicas orientales llegan a Andalucía se encuentran con las jarchas, con las músicas visigóticas, con las músicas romanas, griegas... y se va haciendo un mestizaje a través de siglos y de pronto revienta con unos gritos que son las tonás y desde el momento en que aparece, técnicamente han dejado de ser folclore y ha pasado a ser un cante muy específico para que sólo lo pueda interpretar alguien que tiene un privilegio en la garganta.
El Flamenco ha encontrado, ha construido un código expresivo posiblemente único en el mundo.

- ¿Y el momento actual del Flamenco cómo es? ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia un mestizaje total con otras músicas?

- El mestizaje ha ocurrido en el Flamenco antes de que existiera el Flamenco. La cantidad de músicas que hay en el subsuelo del Flamenco es una riqueza increíble. El mestizaje también debió empezar en el mismo momento en que empezó el Flamenco, el mestizaje o en todo caso la capacidad de creación. Si es verdad que el primer cantaor fue Tío Luis el de la Juliana o El Planeta o ... Pues el Planeta debió enseñar al Fillo, pero el Fillo seguro que ya no cantaba como el Planeta, él ya le puso su parte; y según parece el Fillo enseñó a cantar por seguiriyas a Franconetti, pero cuando Franconetti pasa por el Flamenco deja un abanico de formas abierto. Ya Demófilo en 1881 se quejaba del mestizaje, se quejaba de la posibilidad de que fueran a desaparecer las viejas tonás, las viejas seguiriyas, los viejos cantes originarios. Todos los grandes flamencos han sentido un profundo respeto por la tradición, han conocido muy bien los cantes de sus antepasados, pero si su corazón les ha pedido que le agreguen algo, le han agregado. De manera que ahora está pasando lo que ha pasado siempre, ¿qué va a quedar de toda esta fusión?, pues quedará lo que tenga fuerza emocional, lo que sea de verdad. Sin embargo lo que sea producto de la codicia, de la necesidad de ser famoso en cuarenta y ocho horas, eso desaparecerá, no hay que preocuparse, desaparecerá solito, el tiempo es un crítico feroz, pero justo. Yo no le tengo miedo a las aventuras, digamos heterodoxas, primero porque algunas de esas aventuras a lo mejor van a quedar en la herencia general del Flamenco, y segundo porque lo que no sea digno de quedar no va a quedar, el tiempo se lo va a llevar solo, como se debe haber llevado un montón de cosas que ya no podemos escuchar de la época de los cafés cantantes.

- Supongo que tendrás algunos cantaores predilectos.

- Sí, pero muchos.

- Pero entre ellos tiene que haber algunos que te duelan más que otros, esos que te erizan la piel con solo abrir la boca.

- Primero el que más me dolía era Caracol. Me gustó siempre el maestro Mairena porque era una enciclopedia, era una universidad y aprendías todos los cantes con él. Y luego la etapa de Camarón es una etapa maravillosa. Camarón tenía un don, tenía una voz que era capaz de convertir los cantes por tangos o por bulerías en algo que sonaba a seguiriyas. En Camarón todo suena con una energía que parece que viene del fondo del pozo del dolor. Y otro que me ha gustado siempre, y ahora incluso más, porque ahora tiene muchos años y se pelea ya no con el cante sino consigo mismo, es Fosforito, que es uno de los cantaores que mejor compás ha tenido en la historia del Flamenco. Y otro cantaor que admiro mucho es Enrique Morente, lo admiro mucho porque se sabe todos los cantes muy bien, tiene una voz muy hermosa, muy flamenca, y porque es una de las personas que más angustia creadora han puesto en su esfuerzo por expresarse dentro del cante.

- Para finalizar, ¿qué podemos decir de la familia de los Pavón?

- En la casa de los Pavón nació la cantaora más grande, posiblemente la más grande de toda la historia, digo esto con la reserva de que no hemos escuchado cantar a Mercé la Serneta por ejemplo, pero es previsible que no haya cantado ninguna mujer como ella nunca, pero no sólo mujeres, sino que en su época yo no sé si había cantaores que cantaban como Pastora.
Tomás Pavón era un artista de una profundidad, de una gravedad, de una sinceridad desgarradora, con una manera de ligar los tercios que nada tenía que ver con el poderío, con la exhibición del fuelle del diafragma, sino que tenía que ver con la estética y la forma, sobre todo en los cantes por soleá. Un hombre que debió ser magnífico, con una gran dignidad.
Allí, en la casa de los Pavón, aparece de pronto el primer piano, que en principio es como una especie de escándalo, pero ahí se ha asentado, y ahora mismo hay unos jóvenes pianistas excelentes que no existirían sin Arturo Pavón.
Hasta donde conocemos yo creo que no ha habido una familia como la de los Pavón en la historia del Flamenco

martes, 14 de julio de 2009

MANOLO CARACOL, 100 AÑOS DE JONDURA

Es Manolo Caracol, sin lugar a dudas, uno de los pilares que sustentan el Flamenco. Y digo bien, sin ninguna duda, le pese a quien le pese.
Manuel Ortega Juárez, hijo de Manuel Ortega Fernández y Dolores Juárez Soto, nació un 7 de julio de 1909, a las 3 de la tarde, en el número 10 de la calle Lumbreras de Sevilla. Y si es verdad, que la genética influye decisivamente en nuestro ser, Manolo Caracol tenía todas las papeletas para se un artista inmenso, ya que por sus venas corría la sangre de una estirpe de cantaores y toreros, los Ortega. Así llevaba el duende de Francisco Fernández Ortega, Curro durse; Enrique Ortega Díaz, el señor Enrique el Gordo; Enrique Ortega el Almendro; la señá Gabriela Ortega y sus hijos: Fernando, Rafael el Gallo, y el legendario Joselito el Gallo; y muchos más que, a distintos niveles, pero siempre artistas, formaban parte de la estirpe de Manolo Caracol.
Se casó en San Lorenzo con la jerezana Luisa Gómez Junquera, apadrinando la boda el célebre Cagancho. De esta unión nacieron 4 hijos: Luisa, Enrique, Lola y Manuela.
Empezó a cantar desde muy niño, triunfando en el célebre concurso de Granada de 1922. Tras ese gran éxito, fue contratado para varios espectáculos, cantado con los más grandes de la época, desde La Niña de los Peines, hasta Chacón o Manuel Torre. Además se ganó la vida actuando en fiestas privadas, hasta la irrupción de la Guerra Civil.
Terminada la guerra , toma parte en el espectáculo Cuatro faraones, en unión de El Sevillano, Juanito Valderrama y Pepe Pinto. A partir de 1944 formó pareja artística con Lola Flores, presentando el espectáculo Zambra, de Quintero, León y Quiroga, con el que, partiendo de Madrid, viaja por toda España durante varios años. Lola Flores y Caracol dejaron de ser pareja artística en torno al año 1950, y hasta esa fecha nos dejaron mucho arte, y esas “estampas escenificadas”, que dieron lugar a varias películas, como “Embrujo” o “La Niña de la Venta”.
Tras la separación artística de Lola Flores, y después de una gira por América con Pilar López, en 1951 estrena el espectáculo “La copla nueva”, para presentar al público a su hija Luisa. Intentó en cierta medida reeditar los éxitos que había tenido con Lola Flores, pero no lo consiguió.
En 1958 se editaron unas grabaciones con el título “Una historia del cante”, acompañado por Melchor de Marchena y dirigido por el profesor García Matos. Son 24 temas imprescindibles en la historia de Caracol, y en la historia del Flamenco.
En 1963 inaugura en Madrid el mítico tablao “Los canasteros”, por donde pasaron los grandes cantaores de la época.
El 24 de febrero de 1973, muere en accidente de tráfico.
Manolo Caracol fue reconocido con innumerables homenajes y galardones, entre los que destacan la Orden de Isabel la Católica.
Caracol era un cantaor extraordinario, que supo darle a cada palo que interpretaba su propia personalidad. Él siempre alardeó de esa personalidad en sus interpretaciones con declaraciones como: “No he copiado a nadie. Yo he hecho un teatro, yo he creado una escuela, y yo lo que canto es mío y no me parezco a nadie. Malo, bueno, regular, peor, es de Manolo Caracol...”, “…quién iba a decirle a Enrique el Mellizo, ni a Silverio, ni a Chacón, ni a Tomás el Nitri, que yo iba a cantar con piano y que iba a cantar La salvaora a la terminación del cante por malagueñas...”
Fue tachado por algunos de heterodoxo, por hacer cosas que hoy se ven con la mayor naturalidad como cantar con orquesta o con piano. Y es que algunos todavía no se han enterado que todas las artes están vivas y, desde el respeto a la tradición, tienen que evolucionar para no ser un reducto arcaico del pasado. Caracol siempre defendió ese criterio: “Se puede cantar a orquesta y se puede cantar con una gaita. Con todo se puede cantar. Con una gaita, con un violín, con una flauta…”
Manolo Caracol defendió una manera de cantar, una manera de interpretar: “Yo cuando canto no me acuerdo ni de Jerez, ni de Cádiz, ni de Triana; ni me acuerdo de nadie. Yo intento hacer los cantes a media voz, que es como duelen. Esa es la hondura. Porque el cante no es ni de gritos ni pa sordos. El cante hay que hacerlo caricia honda, pellizco chico. El que se pone a dar voces, ese no sirve...”

Para finalizar este pequeño homenaje al maestro Manolo Caracol he seleccionado partes de una entrevista que le realizó Julián Cortés-Cavanillas en la década de los 60 y que fue publicada por el diario ABC:


- Manolo, tu confesión empieza. ¿Cuéntame por qué te llamaron, te llaman y te llamas "Caracol"?
-Porque mi padre, cuando chico, estando un día en Cádiz en casa de su tía la "Señá Gabriela", madre de los "Gallos", tiró un pelotazo en una olla de caracoles que se estaban guisando. Y como la tía dijo: "¡Sabía que esto iba a pasar, "Caracol"!, de ahí este apellido, que se convirtió en nombre artístico.

-Tú que estas considerado el Señor con mayúscula, del "cante", ¿quién crees que es la reina entre las "cantaoras"?
-Sin duda alguna fue, es y sigue siendo "La Niña de los Peines".

-De los cantes de origen gitano, como la "siguiriya", las "tonás", las "corridas o romances", la "soleá", los "tangos" o las "bulerias", ¿cuál prefieres?
-La "siguiriya".

-¿Quién fue el más genial "cantaor" andaluz?
-Genial de los que yo oí, Manuel Torres, y de los que no he oído, por las referencias, Tomás "el Nitri".

-Y como "bailaora" flamenca, ¿quién fue la mejor?
-Estoy seguro que la "Macarrona" es la que ha bailado como nadie en el mundo.

-De los cafés de cante, ¿cuál crees que por sus figuras ha sido el más ilustre?
-Pues "El Burrero", de Sevilla, en la calle de las Sierpes, el más primitivo y completo. De ahí salió la "Mejorana", madre de Pastora; después Gabriela, la madre de los "Gallos"; allí debutó la "Macarrona", y así no acabaríamos nunca.

-¿Cómo definirías el "cante"?
-Pues como don José María Pemán: "El cante es un echar por delante las cosas del corazón." O como González Hervás: "¡Po no es difisi poder definí lo que e er cante! Es como queré sabé por qué Dios iso d’un güeso a la primera mujé."

-Manolo, ¿cuál es el rasgo fundamental de tu carácter?
-Ser muy brusco, pero con un corazón muy grande.

-¿Y tu mayor defecto?
-Eso mismo, sin la segunda parte.

-De tus noches flamencas, ¿cuál recuerdas con más emoción?
-Hace muchos años, en el Palacio de las Dueñas, una fiesta organizada por los duques de Alba, con la Reina victoria Eugenia y el príncipe de Gales junto al "tablao" y el Rey Alfonso XIII paseando por el patio con Primo de Rivera y Cruz Conde, mientras yo cantaba esta copla:

Desde el mismo Rey "pa" bajo
no le tengo envidia a nadie,
tengo mi buena mujer,
mi jaca torda y mi madre,
¿qué más puedo apetecer?

-¿Cuál es la copla que has cantado con más sentimiento?
-Yo siempre canto con mucho sentimiento por "siguiriyas", pero la canción que siempre me emocionaba más era "La Niña de Fuego", que interpretaba con Lola Flores.

-¿En qué consiste la originalidad de tu cante?
-En crearlo siempre y en hacer siempre cosas nuevas. Yo inventé un fandango llamado "caracolero", como igualmente he sido el primer gitano puro que ha llevado los verdaderos "cantes" a la gran orquesta.

-Si te dijeran que quedaba una sola hora de vida, ¿qué harías en ese tiempo?
-Reunir a los míos y, acompañándome con una guitarra, cantar por "siguiriyas".

-¿Qué escribirías como epitafio para tu tumba?
-"Sigo cantando en la gloria".

viernes, 13 de febrero de 2009

JUANITO VAREA, 100 AÑOS

(Publicado en la Revista "UNICORNIO" en diciembre de 2008)
José Francisco López (Arahal)

Tal vez por esa extraña simpatía que tengo por los artistas poco recordados e injustamente olvidados, hoy recuerdo que un 26 de abril de 1908 nació en Burriana (Castellón) Juan Bautista Varea Segura, Juanito Varea. Y es que se han cumplido cien años de su nacimiento y no he visto por ningún lado homenajes ni recordatorios, tan fácilmente realizables para otros artistas. Sólo el Ayuntamiento de Burriana ha organizado una serie de actividades para recordar su figura. Y es que, tal vez para algunos no forme parte Juanito Varea de los pilares que sustentan el Flamenco, pero ¿cúantos son los cantaores de verdad que conforman esos pilares?

Para mí Juanito Varea es un cantaor recurrente, hay cantaores que te llegan sin saber muy bien por qué, pero los escuchas y te emocionas. A mi me ha pasado muchas veces, sobre todo con los que escuchaba siendo niño, cantaores que me emocionaron en algún momento. Y que no se le olvide a nadie, ahora que estamos en plena vorágine de la bienal de Sevilla, que al final el arte se reduce a que te guste o no te guste, a que te llegue o no te llegue, a que te emocione o no te emocione, por eso se producen las paradojas de coger varias críticas de un mismo espectáculo y sentir que los que las escribieron asistieron a dos recitales diferentes, porque no se ponen de acuerdo en nada.

En fin, una vez, hace muchos años, escuché en la voz de Juanito Varea el fandanguillo de “Consuelo la Granaína” y me conquistó para siempre. Y aquí estoy rindiendo un humilde homenaje a un cantaor de Burriana, que me emociona.



Como he dicho anteriormente Juanito Varea nació en Burriana el 26 de abril de 1908. Siendo muy niño se trasladó con su familia a Barcelona, donde se relacionó con los gitanos de Somorrostro barcelonés, ya que su padre se dedicaba a al transporte tirado por animales y también era tratante. Juanito Varea empezó a cantar muy joven en el colmao de Miguel Borrull hijo, en Barcelona, y de allí pasó a la compañía de Vallejo de la mano de Angelillo, que lo había escuchado cantar por casualidad en el local de Borrull. De Barcelona pasó a Madrid donde participa en las fiestas de Villa Rosa, y de aquí otra vez a Barcelona y Sevilla. En 1928, de nuevo en la Compañía de Vallejo, debuta en el Teatro Pavón de Madrid junto a grandes figuras del momento. Realiza giras por toda España, forma parte del elenco de Pepe marchena y en 1930, con sólo 21 años, graba su primer disco, y ese mismo año vuelve grabar varias placas con la guitarra de Ramón Montaya en la casa “La voz de su amo”. También graba varias placas con Miguel Borrull.

La Guerra Civil irrumpe su vida, y tras luchar del lado republicano, fue detenido al finalizar la contienda. Se salvó gracias a unos amigos toreros.

En el año 1942 se incorpora al espectáculo de Concha Piquer. En 1945 forma parte de otro espectáculo con Vallejo, Pepe Marchena, Canalejas de Puerto Real, Pepe Aznalcóllar, Ramón Montoya y Niño Ricardo. Desde entonces y prácticamente hasta principios de los 70 se dio su época más brillante como artista, recorriendo toda España y gran parte del extranjero y llegando a formar compañía propia. Durante dos décadas fue la principal figura del tablao Zambra de Madrid.

En 1983, ya retirado por su delicado estado de salud, la Cátedra de Flamencología de Jerez, le concedió el Premio a la maestría como reconocimiento a toda una vida dedicada al cante.

En 1984, con un estado de salud bastante precario, el mundo del Flamenco le homenajeó en el Teatro Monumental de Madrid, el mismo lugar donde conquistó el primer premio en un prestigioso concurso en 1932.

El 24 de julio de 1985, en el antiguo mercado de La Unión, Juan Varea cantó junto a Juan Carmona “Habichuela”, la que sería la última actuación de su vida, ya que falleció en Madrid el 8 de noviembre de 1985.

Juanito Varea nos ha dejado una extensa discografía donde se puede observar el dominio de todos los palos que tocaba. Es considerado un clásico con una voz flamenquísima que se codeó con los considerados grandes de su época. No hay que olvidar que fue uno de los cuatro elegidos para disputar la Llave de Oro del Cante en el Concurso de Córdoba de 1962.

Hago mías las palabras que le dedicara Manuel Ríos Ruiz: “Es un experto en bien decir la copla. Su dicción es quizá una de las más cabales de hoy. Más que con pasión que existe en sus cantes, JUAN VAREA canta con gusto, con buen gusto y ya se sabe que al mejor gusto flamenco van ligados ingredientes y condimentos como el garbo, la donosura, la claridad..., de ahí que se nos antoje un sibarita del cante, un cantaor que se amolda a cada estilo a la par de saber llevarlo a su terreno, a la vibración donde él se siente seguro y al tono donde puede mandarlo con tiento y personalidad. Sí, JUAN VAREA es por encima de todo un cantaor con medida, de esos pocos que supeditan todos los tercios a una misma musicalidad, la que sabiamente marca, fija, de salida. En su voz no hay estridencias, ni se refugia en el grito más o menos artificioso, ni busca el apoyo del quejío a ultranza. No, JUAN VAREA no recurre al efecto, ni es cantaor de relumbrón. Lo suyo es el equilibrio, eso, el equilibrio, la templanza, la naturalidad...”

Por su parte José Blas Vega dijo de Varea: “uno de esos artistas de los que honré con su amistad y me deleité con su arte fue Juan Varea, acertadamente llamado “Rey sin Corona”, cantaor de conoci-miento largo y expresión majestuosa. Y como no se trata de hacer su panegírico, diré simplemente que fue y sigue siendo uno de mis cantaores preferidos, de los que más me agradaron.”
Juanito Varea no era ni andaluz ni gitano, era un Flamenco como la copa de un pino.

lunes, 7 de julio de 2008

PUEBLA DE CAZALLA, 40 REUNIONES DE CANTE JONDO

José Francisco López (Arahal)



“La Foronguilla, el Cañuelo
y la fuente de Piyaya
las agüitas de mi pueblo.”
(Francisco Moreno Galván)

En el cuadrante suroriental de la provincia de Sevilla encontramos La Puebla de Cazalla, una localidad acogedora con una enorme importancia dentro del Flamenco. En La Puebla han nacido artistas que han hecho más grande el cante, lo que supone que haya tenido y tenga un gran peso en todo lo que se refiere al mundo jondo. Por citar algunos contemporáneos, tendríamos que hablar de Dolores Jiménez Alcántara, “Niña de la Puebla”, José Menese, Miguel Vargas, Diego Clavel, Manuel Gerena o Manolo “El Catato”; incluso Joselero, al que se le conoce como Joselero de Morón, en realidad nació en La Puebla de Cazalla. Más jóvenes son cantaores como Rubito hijo o Raúl Montesinos, ambos ganadores de la “Lámpara Minera”, y que hacen de La Puebla de Cazalla una cantera inagotable de cantaores.

Pero no sólo ha dado La Puebla grandes cantaores, sino que ha dado al mundo del Arte en general dos artistas geniales, los hermanos José María y Francisco Moreno Galván. En el caso de este último sus letras flamencas y su pintura ha tenido una influencia extraordinaria en el mundo del Flamenco, que sin duda no sería el mismo sin su majestuosa figura.

Fue precisamente Moreno Galván junto con Menese y otros amigos los que organizan en el año 1967 la “I reunión de cante jondo” en La puebla de Cazalla. La idea surge en una reunión de amigos y, en un principio, cuenta Moreno Galván, él no era muy partidario, aunque otros contertulios como José Menese sí apostaban por hacer un festival en La Puebla. Contaba Moreno Galván que al final lo comprometieron y tuvieron que organizar esa “I reunión de cante jondo” en quince días, ya que querían que fuera en verano y dado lo avanzado del mismo y los compromisos que ya tenían los amigos y artistas que iban a participar, sólo les quedaba la fecha del 2 de septiembre de 1967.



Y fue en esa fecha cuando se reúnen en La Puebla, en el Arquillo viejo, artistas de la talla de Antonio Mairena, Juan Talega, Chocolate, Fernanda y Bernarda, Perrate, Menese y Joselero, entre otros.

La filosofía de esta “reunión de cante” tal vez comience con su mismo nombre, no es un festival, es una “reunión”, quizás una concepción más o menos consciente que tiene que ver con los “cabales” que se reúnen en torno al cante.

Es una filosofía distinta a la de otros festivales anteriores donde la comida y la bebida parecía tener más importancia que el cante mismo.

Yo personalmente no he podido vivir aquellas primeras reuniones en el Arquillo viejo, pero me cuentan que la estética era muy simple, muy directa, centrándose todo sobre el cante, el toque y el baile. Sí he podido vivir la “reunión” en su ubicación actual, la Hacienda de la Fuenlonguilla. La primera vez que fui me llamó la atención la puntualidad exquisita con la que comienza, algo por lo que cualquier espectáculo empieza a ser grande, pero más allá de eso, recuerdo el olor a romero y tomillo, el marco incomparable, la sobriedad del escenario y el respeto, el magnífico y sabio respeto del público.


Por otra parte, y escuchando a gente de La Puebla, sobre los momentos más impactantes de estas 40 ediciones de la “Reunión de cante”, todos coinciden en que, quizás el momento más emocionante se produce en una actuación de Antonio Mairena, cuando, según lo contaba Moreno Galván, estaba cantando bien, pero en un momento determinado se quedó mudo, nada salía de su garganta. Fue un momento muy difícil y de pronto todo el mundo se puso en pie aplaudiendo, como homenaje al maestro de Mairena. Antonio salió prácticamente llorando del escenario. Después insistió en volver a salir, pero lo convencieron para que no lo hiciera.

Me cuentan que otro momento mágico fue cuando Juan Talega en los momentos finales como cantaor comentó: “Vais a escuchar lo poquito que queda de una gran muralla.”. En 40 ediciones mucho son esos momentos mágicos, prácticamente cada “reunión” tiene el suyo, aquel año de Matilde Coral, y aquel otro de…


Desde aquellas diez primeras “reuniones” en la Plaza del Arquillo hasta las últimas ediciones en la Hacienda de la Fuenlonguilla, La Puebla de Cazalla ha repartido magia flamenca por todos los rincones, ha repartido duende, arte y la personalidad que sólo tienen los grandes. A mí, como aficionado, sólo me queda deciros: gracias.