sábado, 18 de mayo de 2013

MIS LETRAS FLAMENCAS



TIENTOS

Los niños aceituneros
tienen las manos de plata,
reflejos de luna nueva
y escarcha de la mañana.

Tiene la gorrilla puesta
y unas viejas alpargatas,
le van temblando los huesos
del fresco rumor del alba.

Va cogiendo aceitunitas
del suelo con cierta gracia
mientras crujen las varetas
y se pierden las miradas.

Y cuando llega la tarde
trae dolorida la espalda,
es un niño aceitunero
sin juventud en el alma.

GRANAÍNAS

Dicen que un moro lloraba
porque nunca más la vería,
y dicen que murmuraba,
el alma se le partía
cuando se fue de Granada.

PETENERAS

Petenera, petenera
que entras en mi corazón,
Dios me libre de tu embrujo
y me vuelva la razón.

Que estoy loquito perdido
y me falta hasta la fe,
que sonámbulo camino
por culpa de una mujer.

jueves, 3 de enero de 2013

VEINTE AÑOS SIN CAMARÓN




(Publicado en la Revista Unicornio nº 40- octubre de 2012)

A mi primo Manolo, camaronero de corazón.

Hace poco más de veinte años, en julio de 1992 nos dejaba Camarón, pasando, como suele ocurrir con los genios, a convertirse en leyenda, en mito.

            He de confesar que cuando escribo sobre algún artista, me gusta inspirarme escuchando su obra y rememorando mi relación personal e íntima con ese artista. No me refiero a una relación real, mas bien a los momentos en que ese artista se convirtió en la banda sonora de la película de tu vida. Para hacerlo esta vez recordé algunas de las muchísimas veces que escuché a Camarón en un viejo radiocasette Sanyo. Todavía conservo la cinta. Ni corto ni perezoso me dispuse a encontrarla. En mi caso, las viejas cintas están medio ordenadas en una buhardilla, sin uso, esperando entre el polvo, que tenga algún recuerdo que las rescate del olvido. La encontré muy rápido y enseguida me vinieron a la mente un sin fin de imágenes en blanco y negro de los años setenta, cuando todavía era un niño. “El Camarón de la Isla, con la colaboración especial de Paco de Lucía” era una recopilación de temas de Camarón donde aprendí fandangos, “salud antes que dinero yo le estoy pidiendo a Dios, aunque me tenga que ver lo mismo que un pordiosero, pidiendo pa comer…”; donde me enamoré de una “canastera, gitanita canastera…”, y de “Rosa María, si tú me quisieras qué feliz sería…”

           Aprendí que “En la provincia de Cádiz ha nacío la Petenera, en pueblo que le dicen Paterna de la Rivera…” y que es mentira lo del mal fario y que a los gitanos no les gusta cantar Peteneras; y que los Tarantos llevan la mina en las entrañas, “Ay minero, sube al enganche minero…”; y que el Flamenco es como la vida, tiene momentos trascendentales y otros mucho más banales, momentos de pena honda, y otros de  diversión y alegría hasta la extenuación. Letras de entonces las he repetido permanentemente formando parte de mi caminar como ser humano, y como maestro, “Esta noche va a llover, que tiene cerco la luna, mi pozo cogerá agua que no le quea ninguna…”,  tangos de Málaga, ¡y viva el Piyayo! Aprendí que columpiando a una niña, se puede llegar hasta la Bamba, y que no se puede cantar mejor por bulerías, metiendo en cada estrofa lo que no cabe, ¡y a compás!, “…el día que tú naciste nacieron toítas las flores, y en la pila del bautismo cantaron los ruiseñores…”.   

            Aprendí cosas que, siendo un niño, se te quedan grabadas en los anaqueles del alma para el resto de tu vida.

            Mi relación con Camarón se limita a un viejo radiocasstte Sanyo y un puñado de cintas, que después se convirtieron en CDs, pero cómo he disfrutado, y disfruto de su cante. Me gusta el Camarón íntimo, el que baja los tonos –ahí se notan los buenos cantaores-, me disloca el Camarón que pasa de un tono bajo hasta otro que llega al cielo para rematar una estrofa, “…Y ya no me cantes cigarra, ya para tu sonsonete, que llevo una pena en el alma, como un puñal se me mete sabiendo que cuando canto suspirando va mi suerte, bajo la sombra de un árbol y al compas de mi guitarra...canto alegre este fandango porque la vía se acaba y no quiero morir soñando ay como muere la cigarra...”. Me gusta el Camarón con fuerza y desgarro, me gusta su voz y su conocimiento, lleva la tragedia milenaria en sus quejíos, es moderno y antiguo, casi primitivo y fue bautizado con todo el compás y la sal de la bahía gaditana.

Este gitano de San Fernando, nació un 5 de diciembre de 1950. Su tío, Joseíco,  lo “bautizó” cuando comentó, al verlo por primera vez, “…es tan blanquito que parece un camarón”. José Monge Cruz era hijo de Juan Luis Monge Núñez, herrero de profesión, y Juana Cruz Castro. Siendo un niño era un habitual de la mítica Venta Vargas. En Torres Bermejas, en Madrid, terminó de formar y encajar el saber enciclopédico de su sangre. Allí, el destino quiso que coincidieran dos genios, y que se formara una de las mejores parejas de la historia del flamenco, Camarón y Paco de Lucía. A partir de 1978 será José Fernández Torres, Tomatito, el que lo acompañe. Hay otro guitarrista que ha formado parte de la vida y la esencia de Camarón y muchas veces se olvida injustamente, y no es otro que el maestro Paco Cepero, de quien el propio Camarón dijo que era el que mejor lo acompañó en festivales y fiestas.

No se trata en este modesto artículo de hacer un resumen de su vida y obra, bastante conocidas por otra parte, se trata de dejar constancia que fue un niño prodigio –A los 12 años ganó el Concurso Flamenco del festival de Montilla y con 14 años realiza una gira por Andalucía y Madrid con el Ballet de Arte Español Miguel de los Reyes y con 16 gana el Primer premio de cantes festeros en el festival de Mairena del Alcor-, y que terminó con una autentica legión de seguidores –Unas 50.000 personas pasaron por su capilla ardiente-. 

Más allá de los que le reprocharon que había perdido la “pureza”, se encontraba muchísima gente, sobre todo el pueblo gitano, que lo divinizó, acaso porque, como dijo Paco de lucía: “cuando otros cantaores recurrían a letras con temática social, la voz desgarrada de Camarón evocaba por sí sola la desolación de su pueblo”.

Se trata de recordar los nueve discos que entre 1969 y 1977 grabara con Paco de Lucía, y por su puesto “La leyenda del tiempo”, donde se introducen elementos inéditos en el flamenco procedentes del rock o el Jazz. Este disco, que para muchos supuso una auténtica revolución en el Flamenco, fue un fracaso absoluto en ventas con poco más de 6000 discos vendidos, sin embargo a mí me gustó, quizás porque en esa época mis amigos y yo estábamos como locos con un tal Jesús de la Rosa y su grupo Triana, el rock andaluz, al que también rescato, de vez en cuando, del desván de mis recuerdos. Dicen que hubo gente que, al oír el disco, lo llevó a la tienda para que le devolvieran el dinero porque ese no era Camarón.

A partir de la Leyenda del tiempo otros discos: Como el agua, Viviré, Calle Real…, hasta ese Potro de rabia y miel de 1992, donde vuelve Paco de Lucía. Puede parecer que La leyenda del tiempo divide la obra de Camarón en dos, sin embargo lo que está claro es que desde entonces sufrió la furibunda crítica de que había abandonado la pureza. Pero a la par, su obra y su propia leyenda fue creciendo en el tiempo hasta convertirse en un cantaor con multitud de seguidores, manifestación masiva de idolatría no vista antes en el flamenco.

En el magnífico programa Rito y Geografía del Cante, le preguntan a Camarón algo que ha sido una constante en su vida y más allá de su muerte:
- “La gente dice que el camarón está perdiendo pureza por esto de estar en Madrid”.
Y Camarón responde:
- “No, no es eso. La pureza no se puede perder nunca cuando uno la lleve dentro de verdad. Entonces, lo único que veo es que la gente no me comprende como yo canto. Mi manera de sentir todavía la gente no la ha entendido. Entonces, po yo no le echo cuenta, yo voy a mi aire”. 

           Eso que Camarón expresaba a su manera, es lo más grande que existe en el arte y en la vida, y se llama LIBERTAD.

martes, 1 de mayo de 2012

ENRIQUE DE MELCHOR, LA BEJAZZ Y UN SUEÑO ANDALUZ

No sé si Enrique de Melchor fue el primer guitarrista profesional que escuché en concierto, pero los recovecos de mi memoria me dicen que así fue. Yo tenía unos quince años, él acompañaba a José Menese, y me conquistó para siempre. Muchas veces la memoria distorsiona los recuerdos, pero con guitarras como la de Enrique de Melchor era imposible que se diera el caso, porque cada vez que lo escuchaba me gustaba más. Me emocionaba de él su personalidad, ese toque justo, la falseta precisa, el adorno apropiado, el equilibrio.

Este marchenero de pro, que vivió en su Marchena natal hasta los doce años para después trasladarse a Madrid, ha acompañado a los cantaores más grandes de su época. Comenzó a tocar en “Los Canasteros”, el tablao de Manolo Caracol en Madrid. Era el hijo menor del gran maestro Melchor de Marchena, y, casi desde sus inicios compartió equipaje y vivencias con maestros de la talla de Paco de Lucía y Camarón. Después el Lebrijano, Mairena, Caracol, Fosforito, Menese, Morente, Rocío Jurado, Chano, Naranjito, Mercé, Carmen Linares, y un sin fin de cantaores. Su guitarra era una de las más demandadas en los recitales y en las grabaciones de estos artistas. ¡Algo tendrá el agua cuando la bendicen!, y así se convierte en uno de los guitarristas que más ha grabado en el toque de acompañamiento, algo que hacía de una manera realmente magistral.


No cabe la menor duda que Enrique de Melchor era un clásico, sin embargo no es menos importante su producción como solista. Obras como “La guitarra flamenca de Enrique de Melchor” (1977), “Sugerencias” (1983), “Bajo la luna” (1989), “La noche y el día” (1991), “Cuchichi” (1992), o “Raíz Flamenca” (2005), dan prueba de su gran creatividad como compositor. En el año 1998 aparece, la que para mi es su obra cumbre, “Arco de las rosas”, un disco extraordinario, con colaboraciones de artistas únicos como Paco de Lucía, Paco Rabal o Amancio Prada. Todavía resuenan en mi memoria esos fandangos con Paco de Lucía, que te transportan a la frontera justa entre la tradición y la creatividad sin límites, “Viejos tiempos”, que se convierten por obra y gracia del creador, en tiempo nuevo, tiempo con memoria, con raíces, que te permiten crecer de manera sólida en el árbol de la creación.

Sus últimos años han pasado a caballo entre el acompañamiento y sus actuaciones como solista, no sólo en España, sino en lugares de tanto prestigio como el Queen Elizabeth Hall de Londres, Carnegie Hall de Nueva York, o la O.N.U junto a Montserrat Caballé, José Carreras, José Menese y la Orquesta Nacional de Espańa.

Su primera grabación la realizó acompañando al maestro Antonio Mairena siendo prácticamente un niño, y ha querido el destino, ese caprichoso y a veces cruel destino, que su última grabación, su última colaboración discográfica, su último legado, se haya producido en el último disco de La Bejazz, grupo marchenero de Jazz Flamenco en el que toca su sobrino Melchor Chico. En la pista número dos del último trabajo de La Bejazz, titulado “Sueño Andaluz”, se encuentra la guitarra magnífica y generosa de Enrique de Melchor, para darle más categoría, si cabe, a esas bulerías surgidas del corazón de Javier Carmona Bono, y que se titulan “Malaguerías”.

Sin dejar Marchena, me uno a la pretensión de La Bejazz de reivindicar en temas como “Plazuela de Melchor”, la saga de los Melchores como patrimonio cultural del flamenco y por tanto de la humanidad. Así mismo desde esta humilde revista nos unimos a D. Enrique Jiménez Ramírez “Enrique de Melchor”, como Hijo Predilecto de Marchena a titulo póstumo.
Uniendo estos lazos marcheneros me gustaría finalizar este artículo, recomendando este “Sueño Andaluz”, donde La Bejazz profundiza una vez más en la fusión entre Jazz y Flamenco consiguiendo un sonido original y magnífico. Cuando se junta la formación clásica con la enorme calidad interpretativa de sus componentes, los sonidos del alma negra del Jazz con el pulso y el latido de un corazón flamenco, sólo puede salir genialidad.


lunes, 28 de noviembre de 2011

DOS GUITARRAS FLAMENCAS


DOS GUITARRAS FLAMENCAS
DOS ESTIRPES FLAMENCAS
Por José Francisco López

“Guitarra de mis amores
como a una mujer te quiero,
son tus soníos dolores
que se clavan en mi seno
como los falsos amores”

Hace muy pocas fechas hemos recibido dos noticias relacionadas con la guitarra flamenca, una de pena honda, de pena grande, de seguiriya gitana atravesada por puñales traicioneros; y otra de júbilo, de alegría desmesurada, de cantiña, alborozo y compás. La primera ha sido la muerte de Moraíto Chico -Moraíto grande, diría yo-, y la segunda ha sido el galardón  concedido a Juan Habichuela, Habichuela nieto, que ha obtenido el bordón minero en el Festival internacional de cante de las minas de la Unión.
Manuel Moreno Junquera, Moraíto Chico, nació en Jerez de la Frontera el 13 de septiembre de 1956. De la estirpe de “Los Morao”, llevaba en su sangre la herencia genética del bordón transmitida por su tío Manuel Morao, y su padre, Juan Morao, y el compás hecho alma de su barrio de Santiago. La estirpe sigue con su hijo Diego del Morao, que sin duda ha heredado la maestría y la razón flamenca de su casta.

Juan Torres Fajardo “Habichuela Nieto”, nació en Granada, y por sus venas corre la esencia de la guitarra. Es tataranieto de Habichuela el viejo, bisnieto de José habichuela, nieto de Juan Carmona “Habichuela”, sobrino nieto de Pepe, Luis y Carlos Habichuela…Lleva la sangre de Ketama, de  Juan Camborio, Antonio Carmona y José Miguel Carmona… Lleva el arte en las manos, en el corazón, en las venas…

Moraíto Chico debutó profesionalmente con la Paquera de Jerez, sustituyendo a su habitual acompañante Parrilla de Jerez, aunque con solo once años ya había debutado en el festival flamenco de Jerez de la Frontera. El año siguiente volvió para ganar el premio del festival, una guitarra donada por Manolo Sanlúcar. A partir de aquí una vida dedicada a la guitarra, acompañando a grandes artistas, aunque se le recordará como pareja inseparable del maestro José Mercé.

El 13 de agosto de 2008, en la X edición de los Veranos del Corral del Carbón, Juan Habichuela, le regaló a su nieto su mejor guitarra dándole la alternativa en el mundo del Flamenco, donde ha destacado acompañando al maestro Enrique Morente. 




Moraíto dedicó toda su vida a acompañar el cante, no se prodigó grabando en solitario, aunque cabe destacar sus discos: Morao y oro con el cante de Juan Moneo “El Torta”y “Morao, morao” con la colaboración de  Los Marismeños, Navajita Plateá, Luis 'El Zambo', María Vala y La Venta. Moraíto dedicó toda su vida a acompañar el cante, pero quiso el destino que su última actuación fuera en solitario, un recital en Nimes, un concierto que puso el epílogo a una extraordinaria carrera como tocaor. 

Si grande era como guitarrista, más grande era aún como persona, humilde, simpático, sabiendo estar en todo momento.

Como guitarrista Moraíto no buscó nunca el alarde, el estar por encima del cantaor, buscaba su sitio, y era genial en eso, haciendo más grande el cante que acompañaba, así lo demostró en su última actuación en Sevilla, en el Teatro de la Maestranza el 22 de enero pasado acompañando a José Mercé, donde nos dejó ensimismados por bulerías y tangos.

Moraíto ha sido premiado dos veces en el Concurso Nacional de guitarra flamenca de Jerez, cuatro veces obtuvo el primer premio por bulerías en Jerez, y en 1984fue distinguido con la copa Jerez. Fue finalista en el II Giraldillo del toque, ese que ganó otro genio de la guitarra, Niño de Pura. Además de los anteriores premios, otro sinfín  de ellos jalonan su carrera, como el Charles Cros, el de la asociación Nacional de Críticos de Arte Flamenco, el Premio Nacional de Guitarra de la Cátedra de Flamencología de Jerez…

Habichuela nieto, a pesar de su juventud,  es un virtuoso de la guitarra flamenca. Tuvimos la fortuna de escucharlo en la Casa del Aire de Arahal en el marco de la XVII edición de los actos en homenaje a Pastora Pavón, que cada año organiza la Peña Cultural Niña de los Peines de Arahal. Quedamos encantados con la actuación, fue sorprendente por la limpieza de su toque, por su creatividad, por su sabiduría, por su virtuosismo, por su flamencura, por su “jondura”... Su primer gran espectáculo fue “Entre azahares y alhelíes” con Manuel Molina, José Parra, Joni Cortés, “El Moreno” y Pepe Maya “Marote”.

Su penúltimo galardón ha sido el bordón minero del Festival de Cante de las minas de la Unión hace pocos días, digo penúltimo porque su prometedora carrera acaba de comenzar. Se convertirá sin ninguna duda en muy poco tiempo en uno de los referentes de la guitarra flamenca.

Moraíto y Habichuela Nieto están unidos por las guitarras, por sus respectivas estirpes, por el Flamenco, por el arte. Uno recién acaba de guardar su guitarra en la funda de la memoria flamenca, el otro está desempolvando recuerdos y buscando sonidos en un camino que comienza. Dos guitarras como dos llamas de vida flamenca, una que se apaga, otra que se enciende…


           ¡No digas Morao ni Habichuela!, di guitarra, guitarra flamenca, prima y bordón,  compás, compás para morir, compás para vivir…

jueves, 17 de marzo de 2011

PRIMER PREMIO DE CUENTO INFANTIL "CIUDAD DE ARAHAL"


Desde este humilde blog quiero compartir con todos la inmensa alegría que siento, ya que he sido galardonado con el Primer Premio del XV Certamen Ciudad de Arahal en la modalidad de Cuento Infantil.

sábado, 12 de febrero de 2011

LA BEJAZZ

LA BEJAZZ

EL JAZZ FLAMENCO

Por José Francisco López

Conocía desde hace bastante tiempo, casi desde su origen allá por el año 2005, la existencia del grupo marchenero “La Bejazz”, grupo que en un principio estaba formado por Javier Carmona (contrabajo y bajo eléctrico), Bernardo Parrilla (saxo), Pablo Carmona (batería) y Javier Carmona Bono (teclados y clarinete). En sus comienzos simultanean su formación clásica (Conservatorio de Sevilla) con su pasión por el Jazz, pero poco a poco empiezan a surgir las lógicas influencias de la música que llevan pegada al alma, de la música de su tierra, y así el grupo empieza a buscar un sonido más “flamenco”. Cuando dos nuevos artistas se unen al grupo, esa apuesta por la fusión entre el Jazz y el Flamenco no tiene vuelta atrás, máxime cuando esos dos artistas vienen desde la más honda tradición Flamenca. El primero de ellos es Melchor Chico, nieto de Melchor de Marchena y sobrino de Enrique de Melchor, que lleva en sus venas la raza de unos guitarristas geniales y el compás sobrio de la campiña sevillana. Su toque se engrandeció acompañando muchos años a la genial Rocío Jurado, y su inclusión en La Bejazz supuso la mirada definitiva hacia el flamenco. Del mismo modo la llegada al grupo del percusionista Juan Antonio Suárez supuso el giro definitivo hacia el Flamenco, ya que este artista es otro flamenco de pura cepa, que acompaña habitualmente al Polaco, José el Francés o Lola Maya. Así mismo, en su primer trabajo discográfico, titulado “Plaza Arriba” colaboró el cantaor Juan Antonio Cano “El Negro”, que le da al trabajo ese son de garganta gitana y profunda.

Como digo, los conocía desde hace tiempo, pero ha sido en un concierto celebrado en Arahal el 26 de noviembre, en su nuevo y maravilloso Salón de Actos, el de la Casa del Aire, cuando los he escuchado en directo por primera vez; antes esa magnífica herramienta para muchos artistas poco conocidos como es “youtube” me había dado la posibilidad de escuchar y ver algunas de sus actuaciones. Pero nada como el directo para palpar lo que es un artista, lo que es un músico, lo que es una banda. Y esta banda tiene un directo espectacular, pero vayamos por partes…

En primer lugar un artista, para que dé lo mejor de sí mismo, tiene que estar a gusto, es decir, tiene que existir una complicidad con el público y con el lugar donde se actúa. Y eso estaba conseguido desde el principio, aún antes de empezar el concierto, con el compás de la lluvia que te erizaba los vellos. El escenario, el Salón de Actos de la Casa del Aire es sencillamente magnífico, y el público estaba entregado desde el comienzo. Y los artistas reflejaban en sus caras esa misma complicidad, como mostraba por ejemplo el lenguaje corporal de Javier Carmona Bono, que estoy seguro no suele encontrarse con un piano de cola para actuar, y es que estaba ensimismado, encantado, con una sonrisa y unos movimientos de todo su cuerpo, poseído por la música, que reflejaban ese sentimiento de todo el grupo: estamos a gusto.
El gran primer requisito para el triunfo de un artista estaba logrado.

¿Pero y su actuación?, ¿cómo fue su actuación? Pues lo esperado por mí, una actuación maravillosa, realizada por magníficos músicos. Y es que sólo puede sacar algo el que lo lleva dentro, y este grupo tiene algo, quizás haya sido ese buscar y rebuscar en los tuétanos del alma para encontrar entre su formación clásica, de conservatorio, y su pasión por el Jazz, la raíz que le da sentido y cuerpo a lo que hacen, el Flamenco.

Jazz y Flamenco unidos por esa improvisación controlada que hace grande a estos artistas. Si todos los componentes estuvieron sobresalientes, Bernardo Parrilla estuvo genial al saxo, arrebatando palmas a destiempo a un público entregado.

Me acordé de un saxo al que siendo niño escuché por soleá, era Pedro Iturralde con aquel Jazz Flamenco que me emocionó desde que lo escuché. Él fue el precursor allá por los años 60, y hoy La Bejazz sigue la herencia de esa búsqueda de sonidos y mestizaje, con las alforjas llenas melismas y memoria de los caminos que anduvieron el propio Pedro Iturralde, Paco de Lucía, Jorge Pardo, Carles Benavent y los más cercanos Guadalquivir, Chano Domínguez o Pata Negra.

La fusión, la innovación, no es fácil. Es más, cientos de proyectos se han quedado en nada por no encontrar los sonidos que acompañaran a las inquietudes, sin embargo “La Bejazz” ha encontrado un sendero, un camino que recorrer, un puente que une dos orillas, el Jazz y el Flamenco, que es una sola orilla: la música, el arte, la libertad.

martes, 10 de agosto de 2010

ENTREVISTA A FÉLIX GRANDE

(Publicada en la Revista "El Unicornio" nº 22 en junio de 2006)

Por José Francisco López (Arahal)



FÉLIX GRANDE: “No ha habido una familia como la de los Pavón en la historia del Flamenco”.

Escribía Félix Grande en el preludio de su libro “Agenda Flamenca”: “Todo libro aspira a ser una conversación, una tertulia en donde charlan el escritor y sus lectores”. Y esa era la intención de esta entrevista, una conversación con uno de los galardonados en el V Memorial Niña de los Peines “Al Gurugú”. Y la entrevista se convirtió en conversación, y la conversación en tertulia y si en otro número de nuestra revista decía que Félix Grande era una de mis debilidades, aun sin conocerlo, por su palabra escrita y oída; ahora he de confesar que tras compartir con él varias horas de tertulia, se ha convertido en una persona que ha dejado en los entresijos de mi memoria mucho más que palabras, ha dejado una actitud ante el flamenco, la palabra poética y la vida de un auténtico flamenco cabal.

Félix Grande es flamenco, poeta, ensayista, narrador, letrista... Nació en Mérida en 1937.
Ha obtenido los premios de poesía Alcaraván (1962), Adonais (1963), Guipúzcoa (1965), Casa de las Américas (1967), Nacional de poesía (1978) y Manuel Alcántara (1996); de narrativa, Eugenio D’Ors (1965), Gabriel Miró (1966), Barcarola (1989) y Felipe Trigo (1994); de ensayo, Hidalgo y Nacional de Flamencología (1980). En 2004 fue galardonado con el Premio Nacional de las Letras.
En 1998, y por votación popular coordinada desde la revista El Olivo, fue proclamado el mejor escritor de temas flamencos.
Además de su narrativa y sus libros de poemas como ensayista es autor de los libros Occidente, ficciones, yo (1968), Apuntes sobre poesía española de posguerra (1970), Mi música es para esta gente (1975), Memoria del flamenco (1979), Elogio de la libertad (1984), Agenda flamenca (1985), Once artistas y un dios (1986), La calumnia (1987), García Lorca y el flamenco (1992), La vida breve (1995), Paco de Lucía y Camarón de la Isla (1998), Persecución (disco con un estudio sobre la marginación de los gitanos españoles, 1976), Grandes del flamenco (seis LP, antología y estudio, 1981).


- ¿Cómo llega el flamenco al alma de Félix Grande?

- Pues mira, mi padre y mi abuelo eran muy buenos aficionados y me acuerdo que discutían con mucha frecuencia. Mi abuelo decía que el cantaor que le ponía los pelos de punta más de prisa era El Niño de Almadén, y mi padre decía que no lo comparara con el Niño Gloria y ahí empezaba la disputa. Recuerdo que mi padre le decía lo que pasa es que la tierra tira mucho pero no lo compare usted con el Niño Gloria que cuando ese hombre cantaba una saeta hasta Jesucristo se desclavaba de la Cruz. Después yo empecé a ir al Flamenco en los años cuarenta en plena época de la ópera flamenca y además, en Tomelloso, que era donde vivíamos entonces, había mucha afición al Flamenco y además en los veranos venían a segar o a vendimiar cuadrillas de Andalucía y muchos gitanos, y entonces yo que vivía en las afueras del pueblo, de chiquillo me juntaba con los gitanitos o con los niños andaluces y tocábamos las palmas y aprendíamos compás. Y después empecé a ir al teatro, que se llamaba Teatro Cervantes, y venían todos los años lo que entonces se llamaban compañías, la compañía de Manolo Caracol con la Lola, la compañía de Manolo el malagueño, del Príncipe Gitano; allí vi bailar, la única vez que la he visto a carmen Amaya, allí escuché al Pinto que también llevaba su compañía y allí me fui haciendo aficionado para siempre.

- Yo descubrí a Félix Grande, bueno más que a Félix Grande a su voz, en el disco “Persecución” de “El Lebrijano”, donde me impresionó esa voz tan profunda.

- Ese fue un disco que hicimos con muchas ganas. El Lebrijano se creyó de verdad ese disco, lo cantó muy bien. Los dos guitarrista estuvieron bordados. Me acuerdo de un día que teníamos que grabar las galeras, y estaba previsto que se cantara por tangos, lentamente, pero queríamos darle unidad a toda la estructura musical del disco y le dije a Enrique de Melchor: “yo no sé qué decirte, lo único es que me gustaría que suene a agua a oleaje”. Enrique de Melchor se apartó diez minutos y volvió con la falseta de las galeras. Estábamos todos muy contentos con ese disco. Yo le di primero al Lebrijano un dossier con varias historias de los gitanos en España, seleccionamos las que más nos gustaban , le hice las letras, luego editamos el disco con un texto grande sobre la historia de esta persecución. Nos lo creímos todos y salió un homenaje muy bonito.

- Poeta, letrista de flamenco, ¿es lo mismo para usted?

- Las letras flamencas son muy difíciles, yo he escrito muchos libros de poesía, me han dado muchos premios, el Adonais fue el primero, también el Premio Nacional de poesía, el Premio Nacional de Flamencología, muchos premios de poesía, pero cada vez que me he puesto a intentar componer coplas flamencas... de todas las que he hecho no sé si me habrán salido dos o tres. Es muy difícil reunir en tres o cuatro versos una historia o el tuétano de una historia. Es muy difícil. Eso es un momento único dentro de la poesía española, pero único. Nunca se había cantado con tanta intensidad lírica y con tanta intensidad emocional la palabra poética, nunca había tenido tanta fuerza en tan pocas sílabas.

- Y sin embargo la lírica flamenca ha estado muy denostada.

- Aún ahora, bueno ya no está denostada, pero sí olvidada. Aún ahora las personas que se encargan de establecer los programas de estudios universitarios, que no sabemos quiénes son y si lo supiera tan poco lo diría porque sería como una delación, no han metido el cancionero flamenco en la celebración de la poesía dentro de la universidad, lo que no quiere decir que sean responsables los rectores ni los decanos ni los profesores, simplemente no está en el protocolo y entonces no se incluye. Lo que si está es el cancionero anónimo español y no sólo se estudia con mucho fervor, sino que incluso hispanistas le dedican su vida entera a estudiar y a celebrar esa poética que es hermosísima también , pero con la poética flamenca no ha pasado todavía, la razón la desconozco y hacer una hipótesis no quiero porque a lo mejor se me ocurriría algo un poco agresivo.

- Félix Grande también es ensayista, ¿qué tal se encuentra en esa labor de investigación flamenca, teniendo en cuenta la barrera que supone la falta de documentación?

- Ahora ya va habiendo documentación. Desde que salieron los primeros libros en los años cincuenta de Anselmo González Climent, de Antonio Mairena y Ricardo Molina..., a partir de entonces empezó a haber bibliografía. Incluso la que había anterior a esa época se desconocía por entonces, la primera edición del libro de Demófilo es de 1881, y cuando Federico García Lorca en 1922 escribió a favor del flamenco y escribió algunas frases sobre la copla espléndidas, no conocía el libro de Demófilo. Pero, a partir de los años cincuenta empezaron los intelectuales a cambiar de actitud, porque hasta entonces habían estado con reservas o con desdén hacia el Flamenco, pero cambiaron de actitud y empezaron a darse cuenta de lo que había ahí, empezaron a celebrar el flamenco y ahora hay miles de libros. Entre ellos por lo menos cien son útiles y si los visitas todos y haces fichas llegas a tener mucha documentación. Documentación musical hay menos porque ha habido muy pocos músicos que se hayan dedicado a investigar, aunque algunos ha habido como García Matos, Hipólito Rossy..., y lo que hay mucho es investigación de carácter antropológico o de carácter social, hasta de carácter político, sobre las letras, sobre los cantes... Ahora ya hay una buena documentación.
Lo que pasa es que sobre los orígenes siempre queda una nebulosa, aunque parece que lo que se va estableciendo ya definitivamente es que las primeras estructuras flamencas nacen a finales del siglo XVIII y se desprenden de los romances, de esto hay pruebas, por ejemplo Suárez Ávila del Puerto de Santa María, ha recogido viejos romances y vemos como algunas cuartetas de esos romances después nos la encontramos en forma de toná o martinete. Entonces los primeros cantes, las tonás y los martinetes, los cantes sin guitarra y las deblas son de finales del XVIII, más atrás no hay no hay ni un solo documento.

- Lo que sí hay es un germen que da origen a todo eso.

- El germen es increíble, el germen es un mestizaje maravilloso. Manuel de Falla dijo que el origen del Flamenco está en el asentamiento en Andalucía de las músicas orientales, en la llegada a la iglesia española de la liturgia bizantina y en el establecimiento en España de las primeras tribus de gitanos a partir del siglo XV. Ahora bien cuando las músicas orientales llegan a Andalucía se encuentran con las jarchas, con las músicas visigóticas, con las músicas romanas, griegas... y se va haciendo un mestizaje a través de siglos y de pronto revienta con unos gritos que son las tonás y desde el momento en que aparece, técnicamente han dejado de ser folclore y ha pasado a ser un cante muy específico para que sólo lo pueda interpretar alguien que tiene un privilegio en la garganta.
El Flamenco ha encontrado, ha construido un código expresivo posiblemente único en el mundo.

- ¿Y el momento actual del Flamenco cómo es? ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia un mestizaje total con otras músicas?

- El mestizaje ha ocurrido en el Flamenco antes de que existiera el Flamenco. La cantidad de músicas que hay en el subsuelo del Flamenco es una riqueza increíble. El mestizaje también debió empezar en el mismo momento en que empezó el Flamenco, el mestizaje o en todo caso la capacidad de creación. Si es verdad que el primer cantaor fue Tío Luis el de la Juliana o El Planeta o ... Pues el Planeta debió enseñar al Fillo, pero el Fillo seguro que ya no cantaba como el Planeta, él ya le puso su parte; y según parece el Fillo enseñó a cantar por seguiriyas a Franconetti, pero cuando Franconetti pasa por el Flamenco deja un abanico de formas abierto. Ya Demófilo en 1881 se quejaba del mestizaje, se quejaba de la posibilidad de que fueran a desaparecer las viejas tonás, las viejas seguiriyas, los viejos cantes originarios. Todos los grandes flamencos han sentido un profundo respeto por la tradición, han conocido muy bien los cantes de sus antepasados, pero si su corazón les ha pedido que le agreguen algo, le han agregado. De manera que ahora está pasando lo que ha pasado siempre, ¿qué va a quedar de toda esta fusión?, pues quedará lo que tenga fuerza emocional, lo que sea de verdad. Sin embargo lo que sea producto de la codicia, de la necesidad de ser famoso en cuarenta y ocho horas, eso desaparecerá, no hay que preocuparse, desaparecerá solito, el tiempo es un crítico feroz, pero justo. Yo no le tengo miedo a las aventuras, digamos heterodoxas, primero porque algunas de esas aventuras a lo mejor van a quedar en la herencia general del Flamenco, y segundo porque lo que no sea digno de quedar no va a quedar, el tiempo se lo va a llevar solo, como se debe haber llevado un montón de cosas que ya no podemos escuchar de la época de los cafés cantantes.

- Supongo que tendrás algunos cantaores predilectos.

- Sí, pero muchos.

- Pero entre ellos tiene que haber algunos que te duelan más que otros, esos que te erizan la piel con solo abrir la boca.

- Primero el que más me dolía era Caracol. Me gustó siempre el maestro Mairena porque era una enciclopedia, era una universidad y aprendías todos los cantes con él. Y luego la etapa de Camarón es una etapa maravillosa. Camarón tenía un don, tenía una voz que era capaz de convertir los cantes por tangos o por bulerías en algo que sonaba a seguiriyas. En Camarón todo suena con una energía que parece que viene del fondo del pozo del dolor. Y otro que me ha gustado siempre, y ahora incluso más, porque ahora tiene muchos años y se pelea ya no con el cante sino consigo mismo, es Fosforito, que es uno de los cantaores que mejor compás ha tenido en la historia del Flamenco. Y otro cantaor que admiro mucho es Enrique Morente, lo admiro mucho porque se sabe todos los cantes muy bien, tiene una voz muy hermosa, muy flamenca, y porque es una de las personas que más angustia creadora han puesto en su esfuerzo por expresarse dentro del cante.

- Para finalizar, ¿qué podemos decir de la familia de los Pavón?

- En la casa de los Pavón nació la cantaora más grande, posiblemente la más grande de toda la historia, digo esto con la reserva de que no hemos escuchado cantar a Mercé la Serneta por ejemplo, pero es previsible que no haya cantado ninguna mujer como ella nunca, pero no sólo mujeres, sino que en su época yo no sé si había cantaores que cantaban como Pastora.
Tomás Pavón era un artista de una profundidad, de una gravedad, de una sinceridad desgarradora, con una manera de ligar los tercios que nada tenía que ver con el poderío, con la exhibición del fuelle del diafragma, sino que tenía que ver con la estética y la forma, sobre todo en los cantes por soleá. Un hombre que debió ser magnífico, con una gran dignidad.
Allí, en la casa de los Pavón, aparece de pronto el primer piano, que en principio es como una especie de escándalo, pero ahí se ha asentado, y ahora mismo hay unos jóvenes pianistas excelentes que no existirían sin Arturo Pavón.
Hasta donde conocemos yo creo que no ha habido una familia como la de los Pavón en la historia del Flamenco